REGRESANDO
Que de años sin pasar por acá. Tantos, que había olvidado muchas de las cosas que escribí. Que las olvide, no quiere decir que no estén.
Después de 3 años de lucha, nos tocó despedir a mi mami. Curiosamente, antes de ser diagnosticada de cáncer me dijo un día: "Que Dios me perdone, pero no quiero morir antes que tu hermano". El que vive junto a una persona como Roberto, padece eternamente el temor de "dejarlo solo". Esa preocupación de no saber cómo lo van a cuidar o, quién lo va a cuidar si uno falta. Ese sentimiento que se me fue contagiando desde hace unos años. Porque a pesar de ser más joven que él, la vida nunca deja de sorprendernos. A pesar de haberle prometido mil veces a mi mami que lo iba a cuidar muy bien, que no iba a dejarlo sólo (cosa que nunca dudó, porque tuve la oportunidad de hacerlo mientras ella estaba enferma), ese temor se fue con ella. Pero me demostró con su última sonrisa, que confiaba plenamente en mí.
Durante los 3 años de enfermedad de mi mamá, Roberto se mostró muy perturbado, agresivo. Manifestaba fisiológicamente lo que sentía. Al lado de su cama, cada día había charcos, no de agua sino de orina. Estaba rebelde, a veces quería hacer lo que le daba la gana. Pero muchas veces yo pensaba, que si no quería afeitarse estaba en su derecho.... cuantos hombres no andan por ahí con barba o bigotes. Luego pisaba tierra para recordar que él es precticamente un niño, un niño grandote.
Los últimos días de mi mamá, fueron para él tan o más duros que para nosotros. A falta de ella, se sentía protegido por mi, pero esa era su mamá. Lo llevamos a la clínica. Allá iba con su pizza bajo el brazo, como un muchachito. Recién bañado y arregladito. Se sentó a su lado después de darle un beso y le tomó la mano. Con una delicadeza que jamás vi en él, le besaba los dedos y le hacía caricias. De vez en cuando, se acercaba a su cara para ver si respiraba... o le empujaba el brazo para ver si abría sus ojos. Para mi, fue un momento mágico, porque ese individuo al que vimos siempre incapaz de demostrar emociones y afectos, nos estaba diciendo: "no soy sólo alguien que está, yo siento".
Los días siguientes a la muerte de mi mamá, fueron muy duros para él. No lo vi llorar, pero si estaba muy triste. No se si hice bien, pero me sentaba a su lado y le preguntaba si lo estaba, siempre me dijo que sí. Siempre me empeñé en hacerle un cariño y decirle que jamás lo íbamos a dejar solo, porque lo queremos.
El cambio de mi papá con él ha sido radical. Desde hace ya unos años, ha logrado superar ese rechazo que nunca pudo ocultar. Un rechazo que seguro no fue consciente, un rechazo que nos transmitía la negación de un problema. A pesar de estar mi mamá muy enferma, mi papá tenía momentos para Roberto. Ya lo trataba mejor, lo involucraba en más cosas.
Desde hace unas 3 semanas, se lo lleva con él a trabajar. Qué bárbaro, no sólo la transición de mi papá, sino el cambio de mi hermano. Parece otro sin duda. Siempre con ciertas restricciones, porque no podemos vendarnos los ojos. Pero ahora es él quien busca iniciar una conversación. Ahora se ofrece para ayudar. Ahora se levanta antes que mi papá, porque no quiere que lo deje. Ahora nos estamos dando cuenta de que le hacía falta más atención y cariño. Había que dejar el miedo de lado, había que tratarlo más como un ser humano y menos, como un enfermo.
Su médico nos dijo un día: "tal vez, es que los están ayudando desde el cielo".


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