Desde el principio.....
Nos recuerdo así; cuatro hermanos creciendo juntos. Haciendo desastres, sacando de quicio a mi madre (sólo de vez en cuando), sonriendo, llorando, cantando, bailando, saltando en las camas, haciéndonos cómplices los unos con los otros.... Haciendo todo lo que suelen hacer los infantes. A pesar de que mis padres fueron estrictos, allí seguíamos, creciendo felices... Era Diciembre y mi hermano (el segundo en orden de nacimiento) rondaba los 14 ó 15 años. Se fueron a jugar con sus patinetas pasada la noche. Un rato más tarde se escucharon gritos en la puerta de mi casa. Eran sus amiguitos, avisándole a mis padres que un carro lo había atropeyado. Mi hermano mayor, permanecía con él. Estuvo en la clínica durante 2 días. Conmoción cerebral. Pareció recuperarse bien, pero los médicos advirtieron a mis padres que por muy pequeño que fuera, un traumatismo cerebral era delicado y debía tener seguimiento permanente. Lo vieron evolucionar de manera normal.... tal vez por eso olvidaron las palabras del doctor. Tal vez creyeron que había sido eso y ya. A los 18 años, Roberto comenzó a experimentar síntomas extraños. Su carácter había cambiado, su mirada se estaba transformando. Veía cosas que nadie más podía advertir, escuchaba voces que nosotros ignorábamos. Temía comer, por miedo a ser envenenado. Comezaron las preocupaciones. Se sentiría tan perdido o confundido que intentó refugiarse en las drogas, pero hasta en eso fracasó. Todavía recuerdo el día que mi madre encontró la ampolla y la jeringa en la cocina.... La crisis de nervios de mi ella, los golpes de mi padre, mi hermano mayor protegiendo a su hermano, a mi hermana no la recuerdo ese día y yo, tratando de escaparme tapando mis oídos con la almohada. Tomaron la decisión... Al psiquiatra y cura de sueño. Recuerdo los días de visita; era horrible. No parecía estar visitando a un enferno sino a un preso. La habitación era minúscula y aún recuerdo que la camita estaba al lado de la puerta y más allá un pequeño armario donde guardaban su ropa. Mi madre, se esmeraba al prepararle la comida y ¿qué madre no lo haría? Todavía recuerdo la bianda, 20 años después. A mi padre lo manejaba la rabia, la indignación, la vergüenza. A mi madre la desesperación de ver a su hijo pasar por todo esto. Sentimientos distintos que nunca supieron manejar y mucho menos supieron sincronizar. Comenzaron los verdaderos problemas y no se dieron cuenta de en vez de ayudarlo, lo undían más. No unieron fuerzas. No los culpo, porque sus vidas fueron difíciles. Infancias vividas en guerras y post-guerras. Sin embargo, siguieron utilizando las mismas plantillas y quisieron criarnos de la misma manera en que ellos fueron criados....


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